Ajo y Ciencia – Entrevista #3

   mayo 17, 2026

🧄Entrevista a la Dra. Rocío Pérez González🎤

En esta nueva entrevista de Ajo y Ciencia hablamos con Rocío Pérez González, investigadora Miguel Servet en el Instituto de Investigación Biomédica de Alicante (ISABIAL) y una de esas personas capaces de explicar temas complejos de forma cercana y apasionante. Con ella hablamos sobre su línea de investigación, liderazgo científico y también sobre todo el esfuerzo invisible que hay detrás de una carrera investigadora.

Además, Rocío nos cuenta cómo fue empezar liderando directamente un proyecto europeo, “pasándose el juego” desde el principio, y reflexiona sobre la importancia de la divulgación y de acercar la ciencia a la sociedad.

En la foto de izquierda a derecha: Néstor Benito Elvira, Rocío Pérez González, Edward Sellés Climent, Alba M. Lucart Sanchez


  1. Para empezar, ¿cómo te presentarías en 2-3 líneas?

Soy investigadora biomédica y estudio enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Intento entender qué pasa en el cerebro para detectarlas antes, seguir su evolución y acercarnos a mejores tratamientos.


  1. Actualmente eres investigadora Miguel Servet en ISABIAL. ¿En qué consiste tu trabajo ahora mismo y qué tipo de investigación desarrollas?

En mi grupo aplicamos técnicas de biología celular y molecular para identificar nuevos biomarcadores en la enfermedad de Alzheimer a partir de vesículas extracelulares. Soy investigadora Miguel Servet desde 2022, una ayuda muy competitiva que consiste en contratos de 5 años y que buscan dar estabilidad a investigadores e investigadoras dentro del sistema de salud y ayudarles a arrancar su propio laboratorio. Yo lo intenté tres veces, ¡a la tercera fue la vencida!, y supuso un paso muy importante porque me permite, por primera vez, dedicarme a la ciencia de forma estable en ISABIAL y desarrollar mi propia línea de investigación.


  1. Tu carrera te ha llevado por Madrid, Barcelona y Nueva York. Mirando atrás, ¿cómo ha sido ese recorrido y qué te ha aportado cada etapa?

Ha sido un recorrido largo, a veces duro, pero muy enriquecedor tanto en lo profesional como en lo personal. Soy de Orihuela, así que vivir en grandes ciudades ha sido toda una experiencia que llevo conmigo.
En Madrid hice la tesis doctoral con la Dra. Eva Carro, una de mis primeras mentoras, a la que debo mis inicios en la ciencia. Fue una etapa de mucho aprendizaje y trabajo, pero también de disfrutar de la ciudad y su vida cultural.
Durante la tesis tuve la oportunidad de irme a Nueva York gracias a una ayuda de la Fundación Reina Sofía, y allí empecé a trabajar con vesículas extracelulares. Fue una etapa muy intensa, rodeada de gente de todo el mundo y con experiencias que no se olvidan. Además, la ciudad ofrecía infinitas posibilidades, y aproveché el tiempo libre para explorarla a tope.
Después volví a España, a Barcelona, donde viví otra etapa importante. Allí coordiné el laboratorio del grupo de Trastornos del Movimiento del Hospital de Sant Pau, liderado por el Dr. Jaime Kulisevsky, y empecé a desarrollar una investigación más traslacional, orientada al paciente, que es la que sigo llevando a cabo hoy.


  1. Durante varios años trabajaste en NYU Langone Health investigando enfermedades como Alzheimer o síndrome de Down. ¿Qué recuerdas de esa etapa y cómo crees que marcó tu forma de hacer ciencia?

Mi etapa en Nueva York marcó un antes y un después. Fui por primera vez como estancia al laboratorio de la Dra. Efrat Levy y, tras la tesis, volví como postdoc.
Allí descubrí otra forma de hacer ciencia, con más recursos y una investigación mucho más ágil, que te permite avanzar con menos limitaciones. Durante ese tiempo trabajé en un método pionero para aislar vesículas extracelulares del cerebro, que hoy en día sigue siendo una referencia en el campo.
Sobre todo, fue una etapa que me enseñó a pensar en grande, a ser más independiente y a perder un poco el miedo a plantear preguntas ambiciosas. Esa forma de trabajar y de entender la ciencia sigue muy presente en todo lo que hago hoy.


  1. Tu investigación se centra en enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Huntington. Para alguien que no es científico/a, ¿cómo explicarías qué haces exactamente en tu día a día?

En el día a día, mi trabajo implica mucho trabajo ordenador: análisis de datos, escritura de proyectos para conseguir financiación y de artículos científicos. También dedico bastante tiempo a gestionar el laboratorio y al equipo. El equipo es fundamental, porque son quienes llevan a cabo gran parte de los experimentos, y yo cada vez tengo menos tiempo para estar “cacharreando” en el laboratorio.
Pero todos tenemos un objetivo común: avanzar en cómo detectamos y entendemos enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Huntington. En nuestro grupo buscamos biomarcadores, es decir, señales medibles que nos indiquen qué está pasando en el organismo en cada momento. En estas enfermedades, algunas neuronas se van dañando y muriendo poco a poco, pero el gran reto es que no podemos observar el cerebro directamente.
Por eso analizamos “pistas” en fluidos como la sangre o el líquido cefalorraquídeo. Y aquí entran en juego las vesículas extracelulares, pequeños “mensajeros” que liberan las células, incluidas las neuronas y otras células cerebrales, y que transportan información sobre lo que ocurre en su interior. Al estudiarlas, podemos acercarnos a lo que está pasando en el cerebro de forma indirecta, lo que es clave para mejorar el diagnóstico y el seguimiento de estas enfermedades.


  1. Tu primer proyecto como investigadora principal fue directamente a nivel europeo… Rocío, ¡te «pasaste el juego” nada más empezar! ¿Cómo viviste ese salto y qué significó para ti?

Fue un reto, pero también muy gratificante. Pasar por todo el proceso, desde escribir la propuesta hasta ver los resultados y el trabajo publicado, te da una perspectiva global del trabajo, de principio a fin. Para mí significó ganar confianza y demostrarme que podía conseguir y llevar a cabo un proyecto propio.


  1. Tienes más de 40 publicaciones científicas. ¿Cómo se vive desde dentro ese proceso que muchas veces desde fuera solo vemos como “el paper final”?

Es un proceso largo y, muchas veces, bastante tedioso. Detrás de un paper hay mucho trabajo, muchos intentos que no salen y bastantes contratiempos.
Cuando la hipótesis inicial no se cumple, toca replantear el camino y buscar nuevas formas de interpretar los resultados. Al final, publicar no es solo llegar a una respuesta, sino todo el proceso de ensayo, error y aprendizaje que hay detrás.


  1. ¿Qué es lo más difícil de tu trabajo que la gente de fuera no ve?

Hay mucha burocracia…, demasiada en mi opinión, que te quita tiempo de lo realmente importante: pensar en la ciencia, en los resultados y en cómo hacer avanzar los proyectos. Además, gestionar un laboratorio implica tomar decisiones constantemente, y no siempre es fácil. Y luego está la presión de la financiación, que siempre está ahí: conseguir proyectos es cada vez más difícil y competitivo, y exige dedicar mucho tiempo a preparar propuestas sólidas.

La financiación es clave no solo para desarrollar la investigación, sino también para sostener al equipo: para poder mantener a las personas que ya están en el laboratorio e incorporar nuevos estudiantes de doctorado o postdoc. Y es que un buen equipo es el motor del laboratorio.


  1. ¿Quién eres cuando no estás investigando? ¿Qué te gusta hacer para desconectar?

Soy bastante casera, pero también disfruto mucho del tiempo con mi gente. Me gusta hacer deporte y pasar tiempo en la naturaleza, sobre todo cerca del mar. Y cuando puedo, me encanta viajar y descubrir sitios nuevos; por ejemplo, el verano pasado hice una escapada a la isla de La Palma, en Canarias, donde pude disfrutar tanto de sus playas como de sus paisajes volcánicos.

Foto: Dra. Rocío Pérez González en La Palma.


  1. Para terminar: ¿Qué le dirías a alguien que está empezando en investigación y sueña con una carrera como la tuya?

Que no se desanime ante los obstáculos, porque los habrá. Es un camino exigente, con momentos de frustración, pero también puede ser muy gratificante.
Al final, las pequeñas recompensas, como cuando algo sale o por fin entiendes un resultado, hacen que el esfuerzo merezca la pena. Además, es un trabajo muy dinámico, en el que no te aburres porque nunca dejas de aprender.


Espero que os haya gustado la entrevista y que hayáis disfrutado conociendo un poco más a Rocío Pérez González y a la gran trayectoria científica que hay detrás de su trabajo, tanto como yo.

Hablar con Rocío ha sido una forma de acercarnos no solo a la investigación en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, sino también a la realidad de muchas investigadoras que dedican años de esfuerzo, constancia y pasión a intentar mejorar la vida de los pacientes desde el laboratorio y la investigación clínica.

Muy pronto tendréis una nueva entrevista en Ajo y Ciencia para seguir descubriendo a las personas que hay detrás de la investigación.

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