Las científicas que te dijeron que nunca existieron: parte II
febrero 6, 2026

¿Qué os han parecido nuestras tres primera protagonistas? Interesantes, ¿verdad? Pues aunque queda más. ¡Conozcámoslas!

A pesar de que las mujeres científicas de siglos pasados estén principalmente representadas en el ámbito de la medicina ginecológica, también las hay que pisaron otros terrenos. Francia, siglo XVIII, una mujer se convierte en la primera en circunnavegar el mundo: Jeanne Barret. Lo principal que la separa de otras mujeres son sus orígenes humildes, en oposición a la clase alta a la que pertenecían Hildegarda o Agnodice. Esto es importante ya que no pudo acceder a una educación formal, pero sí pudo aprender. Siendo, seguramente, criada en el campo, aprendió todo lo necesario de las plantas y sus usos. Hacia mitad de siglo, el botánico Philibert Commerson la contrató como ama de llaves y, más tarde, cuando él fue nombrado botánico real, se trasladaron a París. Commerson la llevó como asistente en la expedición de Bougainville (1766-1769), para lo cual Barret tuvo que vestirse de hombre. Se ganó una reputación por su coraje, su fuerza, su conocimiento y constancia: acompañaba al botánico, cuidaba de él y lo asesoraba y administraba los papeles. Sin embargo, tras la muerte de Commerson por las dificultades en el abastecimiento de comida, hacia 1768, cuando la expedición llegó a Tahití, se confirmó el verdadero sexo de Barret. A pesar de la consternación, Baret volvió, esta vez como mujer, a Francia. Ella, según alegaba, solo quería vivir la experiencia del viaje. A Jeanne se le atribuye el descubrimiento de 3000 especies nuevas de plantas, que estudió y clasificó cuidadosamente de todas las muestras que había recogido con Commerson, y de las cuales solo una especie lleva su nombre: Solanum baretiae. Jeanne partió como un ayudante y volvió como una mujer, cuyo conocimiento, que no provenía de una educación propia, había sorprendido gratamente a todos en la expedición; incluso el rey Luís XIV dijo que era <<[Jeanne Barret] una mujer extraordinaria>> y le otorgó una pensión vitalicia.

Contemporánea de Barret fue Marie-Anne Paulze-Lavoisier. Y habréis reconocido el nombre Lavoisier (si habéis estudiado Química, claro), así que hoy os presentaremos a su mujer (por cierto, eran de clase alta, nobles: ella se libró de la guillotina, él, no). Marie-Anne es considerada la madre de la química moderna. Sus primeros años de vida son como los de cualquier niña de clase alta de la Francia del siglo XVIII: educada en un convento y prometida a la temprana edad de 13 con un señor que le doblaba la edad (y al parecer era la mejor opción). Cuando la pareja se mudó a París, Marie-Anne y su esposo se interesaron por la química, que en aquella época experimentaba una creciente evolución y popularización sobre todo entre las clases altas. Durante estos años, Marie-Anne realizó un trabajo poco vistoso pero tremendamente importante: asistía a su marido en el laboratorio, escribía informes y traducía los libros de química de entonces para que Lavoisier pudiera leerlos; además, añadía notas propias y correcciones. Con el tiempo, Marie-Anne recibió una formación en química de especialistas de la época. Asimismo, era común organizar soirées y nuestra protagonista invitaba a personajes remarcables, como Priestly, descubridor del oxígeno. Gracias a estos encuentros, Lavoisier intercambiaba ideas y, una de ellas, lo llevó a demostrar que el aire era una mezcla de gases, entre ellos, el oxígeno. Tras la muerte de Lavoisier durante el Reinado del Terror, Marie-Anne pudo recabar suficiente información y publicó Memorias de Química, donde habla de diversos temas, como la combustión, el calor, la formación de líquidos y más.


Todo el mundo conoce a la gran Madame Curie, la única persona en ganar dos premiso Nobel en dos categorías diferentes, pero poca gente habla de su hija, Irène Joliot-Curie. Entró en a la Universidad de París en 1914 para estudiar Física y Matemáticas. Durante la guerra, ayudó a su madre en las labores de identificación de las heridas a través de uso de la rudimentaria máquina de rayos X que Marie había creado. Con ella podían identificar exactamente dónde estaba el proyectil, y así evitar amputaciones innecesarias que podrían incluso llevar a la muerte. Por su trabajo, Irène recibió la Medalla Militar. En 1925 consiguió su doctorado y, tras conocer a su marido, dieron los primeros pasos para el estudio de la radiactividad artificial, lo que les valió el premio Nobel de Química en 1935. Pero su obra no acaba en las ciencias: con el auge del fascismo en la época entre guerras, Irène tomó una postura tremendamente antifascista, uniéndose al Comité de Vigilancia Contra el Fascismo, posicionándose del bando republicano durante la Guerra Civil Española y defendiendo la intervención de Francia en este para apoyar la democracia; asimismo, fue miembro del Frente Popular y, en 1936, fue nombrada Subsecretaria de Estado para la Innovación Científica, lo que la convirtió en una de las tres primeras mujeres en formar parte del gobierno en Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial protegió el radio y a sus investigadores. En 1945 fue nombrada comisaria de energía atómica, la única mujer de seis personas. Formó parte activamente del Partido Comunista y asumió la vicepresidencia de la Unión de Mujeres Francesas; formó parte del Comité Internacional para la Paz y el Desarrollo e intervino en el Congreso Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo. Además, se opuso rotundamente al uso de armas nucleares. Irène Joliot-Curie murió de la misma causa que su madre: leucemia, claramente provocada por la continuada exposición a la radiactividad. Sus descendientes continúan su legado, tanto en la investigación como en la política.

Nuestra última protagonista, por hoy, es geóloga sismóloga. La Tierra está divida en varias discontinuidades que determinan las capas que nos hacen estudiarnos en el cole: corteza, mando, núcleo externo y núcleo interno. Entre estos últimos se encuentra la discontinuidad de Lehmann, nombrada así por Inge Lehmann. Su educación corrió a cargo de Hannah Adler, en una escuela en que niños y niñas estudiaban el mismo temario. Estudió matemáticas en Copenhague y Cambridge; título que obtuvo tras 12 años, por complicaciones de salud. Se interesó por la sismología cuando pasó a trabajar como asistente geodésica. En 1925 empezó la carrera en sismología y en 1928 fue nombrada jefa del departamento de sismología del Real Instituto Geodésico Danés. Su investigación en el comportamiento de las ondas P y S en el interior de la Tierra la llevaron a escribir el artículo que, publicado en 1936, le garantizó el lugar en la historia de la ciencia: el núcleo estaba partido en dos, cuya parte interna era sólida. La discontinuidad de Lehamnn es una línea imaginaria que separa el núcleo externo del interno, y cuyo conocimiento debemos a Inge.
Pronto volveremos con más.