Las científicas que te dijeron que nunca existieron: parte I
febrero 1, 2026

En 2025, el informe Científicas en Cifras demostró un aumento de la presencia de mujeres en carreras STEM (Science, Technology, Engeniring, Medicine), las ingenierías y tecnología siguen contando con una presencia bastante femenina-masculina bastante desigual: del 17.2% en el grado de Informática o del 36.3% en el grado de Matemáticas y Estadística.
¿Acaso somos las mujeres inferiores en capacidad a los hombres? Según Aristóteles, las mujeres estábamos a <<medio hacer>>. Aun hoy en día, se cree que el cerebro de las mujeres es significativamente diferente al de los hombres, y que esa diferencia se traduce en una menor inteligencia lógica para trabajos en STEM. Muchos estudios han querido buscar distinciones, y solo se ha encontrado que a nivel anatómico el cerebro masculino es, en volumen, más grande que el femenino y menos simétrico y el cerebro de las mujeres tiene mayor flujo sanguíneo que el de los hombres… Sin embargo, no hay evidencia de que estas diferencias comporten una menor capacidad lógica.
Lo que podemos sacar en claro es que las mujeres estamos dispuestas y más que capacitadas para las carreras STEM. Hoy, 11 de febrero, recordamos a grandes mujeres que también fueron subestimadas, para luego ser borradas y olvidadas. Descubramos, durante estos días, 11 mujeres, de las cientos que hay; esas mujeres que te dijeron que nunca hicieron nada importante, o que no existieron:

Nos remontamos a la Antigua Grecia, al siglo IV a.C., Hagnódica o Agnodice fue una de las primeras ginecólogas de las que tenemos constancia. Estudió en Alejandría, bajo tutela de un importante anatomista de la época. Agnodice tuvo que cortarse el pelo y aparentar ser hombre (como Mulán) para que le permitieran estudiar, porque por entonces las mujeres médicas no estaban del todo aceptadas. Fue una alumna ejemplar. Se trasladó a Egipto y, luego, regresó a Atenas, donde practicó durante mucho tiempo el oficio que hoy en día entenderíamos como obstetra y ginecóloga. Agnodice, para conseguir la confianza de sus pacientes, se desnudaba frente a ellas, con el fin de mostrarles que también era mujer y no debían sentir pudor. Las mujeres de la polis solo querían ser atendidas por ella. El resto de los médicos se sintieron tremendamente atacados y celosos así que esparcieron acusaciones falsas para llevar a Agnodice a juicio: que si violaba a sus pacientes, que si las seducía… Hasta que, en el juicio, nuestra protagonista se descubrió entera para demostrar que no tenía interés sexual ni romántico en sus pacientes. Ah, pero había truco: las mujeres no podían ejercer públicamente la medicina en Atenas, y se castigaba con la pena de muerte. Y entonces ¡sorpresa! Una multitud de mujeres llegó al lugar del juicio y exigieron su indulto. Estos acontecimientos consiguieron un gran cambio: la práctica pública de la medicina por las mujeres. Su figura es, en realidad, un misterio: pudo ser un mito más en todo el compendio griego, pero desde luego su historia es una inspiración.

Ahora viajemos a la Edad Media. Hablemos de Hildegarda de Bingen, Hildegard von Bingen en alemán. Hildegarda de Bingen erapolímata, escritora, filósofa, naturalista, compositora, mística y santa abadesa, representando el ideal benedictino de la época. Fue una de las mujeres monásticas de la Baja Edad Media más influyentes. Desde su nacimiento en 1098, siendo la décima hija de un matrimonio noble, fue consagrada a la vida religiosa. Con tan solo 38 años fue elegida, de manera unánime, abadesa del monasterio Disibodenberg, donde se le permitió a ella, y a otras mujeres, enclaustrarse. Hildegarda siempre fue una niña muy mística: se dice que tenía visiones y, en una de ellas, una <<luz divina>> le ordenaba partir y llevarse a todas las monjas a otro lugar: fundó así un convento en Rupertsberg. Estas visiones fueron registradas por la abadesa en su libro Scivias (Conoce los caminos). Fue una mujer sabia y con un variado conocimiento que también dejó por escrito: desde sus libros sobre teología y filosofía, pasando por sus más de 50 composiciones, hasta los libros de ciencia (filosofía natural), donde describió remedios usando una visión holística (Libris simplicis medicina o Physica). Grandes políticos de la época, como Leonor de Aquitania o Enrique II, le pedían consejo. Hildegarda de Bingen murió a los 81 años, y en 2011 el papa Benedicto XVI le otorgó el título de <<doctora de la Iglesia>>.
Siglo XVII, Inglaterra, el libro The Midwives Book: or the Whole Art of Midwifry Discovered (El libro de las parteras: o el arte completo de la obstetricia descubierto) se publica. Su autora: Jane Sharp. Nuestra próxima protagonista es el ejemplo perfecto del olvido del conocimiento de la obstetricia y de todas las mujeres que, durante siglos, la practicaron. Poco sabemos de la vida de la partera, incluso se especula si podría ser un pseudónimo. Las parteras no recibían, por entonces, una educación formal como los hombres: aprendían de la experiencia que le daban los años y años que pasaban en el oficio. Jane Sharp afirmaba haber sido partera durante más de 30 años. Su libro es el resultado de toda esa experiencia, un conocimiento tácito que ni años de intenso estudio de medicina podrían dar a un hombre de la época. En The Midwaves Book se dirige tanto a las mujeres como a sus parteras: cómo prepararse para el embarazo y para el parto, cómo cuidar de la mujer tras el parto y recomendaciones para parir. El libro se divide en seis partes. Cada una de ellas se centra en un tema, como el capítulo V en el que explica cómo una partera debe hacer frente a todo tipo de situaciones durante el parto, o el capítulo I donde describe, anatómicamente, los aparatos reproductores del hombre y la mujer. A pesar de saber poco de la propia figura de Jane Sharp, desde luego podemos deducir que, en el siglo XVII, las mujeres poseían un vasto conocimiento respecto al cuerpo femenino y que, curiosamente, parece que hemos perdido. Jane Sharp era defensora del trabajo de las mujeres como parteras, reprendiendo a los hombres que querían entrar en ese mundo, pues ellos nunca podrían entender como las mujeres por lo que pasaban en el parto.


¡No te vayas! Aún nos quedan otras por descubrir…